“Vamos a migrar a la nube” es una frase que se escucha en muchas empresas, pero pocas tienen claro qué significa en la práctica. ¿Qué se migra? ¿A qué proveedor? ¿Todo de golpe o por etapas? ¿Qué pasa con la seguridad de los datos? Este artículo responde esas preguntas.
¿Qué es realmente migrar a la nube?
Migrar a la nube significa trasladar cargas de trabajo — servidores, aplicaciones, bases de datos, almacenamiento — desde infraestructura propia (on-premise) hacia plataformas de cloud como AWS, Azure o Google Cloud. El resultado es que esas cargas de trabajo corren en hardware de terceros, accesible por internet, y se pagan según consumo.
El 78% de las empresas que migraron a la nube reportan reducción de costos de infraestructura en el primer año. El 65% también reporta mejora en la continuidad del negocio ante fallas.
Los 3 modelos de migración más comunes
Lift & Shift
Se toma la aplicación tal cual está y se mueve a una máquina virtual en la nube. Es el enfoque más rápido y de menor riesgo, pero no aprovecha al máximo las capacidades cloud. Ideal como primer paso.
Replatforming
Se hacen ajustes menores para aprovechar características cloud — como usar una base de datos administrada en lugar de gestionar el servidor de base de datos uno mismo. Buen balance entre velocidad y optimización.
Refactoring
Se rediseña la aplicación para ser nativa de la nube. Mayor trabajo inicial pero mayor eficiencia y escalabilidad a largo plazo. Recomendado para sistemas críticos con planes de crecimiento.
¿AWS, Azure o Google Cloud?
Para la mayoría de las PyMEs argentinas, la elección depende de tres factores: qué aplicaciones ya usan (Microsoft 365 favorece Azure, Google Workspace favorece GCP), qué soporte local tienen disponible, y los costos específicos para sus cargas de trabajo. Las tres plataformas son maduras y confiables — la diferencia está en los detalles de implementación.
Los errores más comunes en una migración
- Migrar todo de una vez: lo correcto es identificar cargas de trabajo candidatas y migrar por etapas
- No planificar la seguridad: la nube no es segura por defecto — hay que configurarla correctamente
- Ignorar los costos de egreso: transferir datos fuera de la nube tiene costo, y puede sorprender
- No capacitar al equipo: la nube requiere nuevas habilidades y procesos
- No tener un plan de rollback: ante problemas, hay que poder volver atrás rápidamente
Por dónde empezar
El primer paso es un relevamiento de las cargas de trabajo actuales: qué sistemas tiene la empresa, cuáles son críticos, cuáles tienen dependencias y cuáles son buenos candidatos para una primera migración. Con ese inventario se puede armar un plan de migración realista, con prioridades y plazos concretos.
En Argensys hacemos relevamientos de cargas de trabajo y planificamos migraciones cloud a medida.
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